domingo, 29 de agosto de 2010

Carlos Flores Murillo: el estereotipo perfecto del fútbol peruano (Parte III)

A su corta edad ya es abuelo. Su hija, a la cual le dobla la edad, tiene una pequeña, Francesca, a quien Carlos idolatra y cambia por sonrisa su ceño fruncido cada vez que la tiene entre sus brazos:

"Esta niñita es un terremoto, la adoro y, lo más importante, es que es rosada hasta los huesos, igual que mi hijo Carlos Fernando", sostiene el talentoso volante.

Tal vez su pequeña nieta es el motivo esencial por el cual intenta insertarse una vez mas a su profesión, en donde no le faltaron oportunidades, pero casi nunca las valoró, y se defiende siempre con el mismo texto:

"Soy consciente de que cometí muchos errores en la vida, pero quién en esta vida es perfecto. Solo Dios".

Le queda entrenar día a día con colegas, que tampoco, por diversas razones, tienen la suerte de integrar una plantilla de futbol profesional. Llego al recinto deportivo donde, desde hace unas semanas llevan a cabo su actividades, son las 7 y 30 am, con dificultad logro disuadir al portero que, finalmente, me cede el paso. Han pasado 10 minutos y Juan Carlos Bazalar es el primero en llegar, no es mi objetivo, sin embargo es un aliciente para seguir esperando a mi futuro entrevistado. Son las 7 y 55 am, todos menos Kukin, y los primeros síntomas de impaciencia aparecen.

Aunque temprano, el sol arrecia en el clase mediero distrito de Pueblo Libre.

A falta de escasos 5 minutos para las 8 am. Carlos Flores Murillo ingresa raudo al Estadio Adelfo Magallanes, lugar de práctica para los futbolistas agremiados del Perú, saluda afectuoso al portero del recinto deportivo y se dirige a los camarines para vestirse de corto.

No pasan ni 10 minutos y salta al gramado con el entusiasmo de un jovencito que debuta con la primera plantilla de su club, saluda eufóricamente a Juan Carlos Bazalar, otro representante de los sin equipo, y a Germán Muñoz, compañero suyo a inicios de los 2000 en su querido Sport Boys del Callao, lanza un saludo general con el brazo extendido para sus demás compañeros y corre al centro del campo para la primera charla técnica del día: Aldo Cavero, director técnico y ex futbolista, da instrucciones y Kukín, con la atención de universitario en su primer día de clases, asienta firmemente la cabeza mientras realiza breves ejercicios de calentamiento muscular.

Todos trotan a paso firme alrededor del campo, Carlos Flores, inmutable por momentos y chacotero en otros, va a casi al medio del grupo. Están por cumplirse 25 minutos de constante recorrido y cientos de metros se han acumulado en el kilometraje del, tal vez, futbolista con más grescas, situaciones incómodas e indisciplinas de la historia de nuestro balompié nacional en donde otros elementos no escapan de semejantes antecedentes.

Sudoroso, extenuado y desparramado en el grass, Kukín se refresca bebiendo un energizante Gatorade a la vez que mantiene una amena conversación con Rafael Arnao, ex futbolista de Sporting Cristal. El profesor Cavero reúne, en el arco sur, a todos sus dirigidos y los agrupa de a dos para los necesarios trabajos de enlogamiento: Flores jala a José Chacón, ex compañero en el Sport Boys, lo coge del cuello y se van a un costado del área chica para dar inicio a la religiosa rutina. Continuará...

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