... Algo se traen entre manos, la seguridad del local y el taxista cazador se han confabulado para que dos, hasta el momento, nada ansiosos muchachos ingresaran a unos de los nigth clubs más exclusivos del centro de San Isidro, todo a mitad del precio regular: Ya está, todo está arreglado, ¿nos vamos?, nos cuenta un entusiasta Renzo.
Tras una parada en casa de mi acompañante, reuníamos los últimos soles necesarios, enrumbábamos, ya dentro del taxi, a lo que iba a hacer un recuerdo difícil de olvidar tanto como la primera pelota de fútbol que recibiste de tu padre en el día de tu cumpleaños: los tiempos cambiaron, ya no somos niños.
Desde luego, la grabación se hizo sin consentimiento de Renzo, pues nos había mencionado que un compañero suyo ya había sido filmado con un lapicero con cámara incorporada, este relato hizo que hundiera aún más la grabadora personal que tenía dentro mi casaca negra: no queríamos pasar por lo mismo que en las Cucardas, Shimabukuru y su automática alemana, de seguro, ya nos tenían tasados.
Renzo accede a alguna de nuestras preguntas sueltas cuando entramos en confianza:
- ¿Y los gringos, son los que más pagan no?, pregunto como para crear interés.
- No, eso depende de las chicas, si les caes en gracia no te cobran, responde.
Menciona que no les mete cabeza a los gringos, el recibe 15 soles por cada pasajero que deje en la puerta de la cueva: ahora entendemos la algarabía en cada una de sus palabras cuando trataba de convencernos y su aportación es indiscutible al turismo sexual, cada 5 de 10 turistas que viene al Perú, luego de una divertida noche, va en busca del relax, es decir el 50% de éstos se entrega a los placeres carnales de nuestra tierra.
- ¿Y que tal están las flacas ahí?, la ansiedad, ahora sí, avanza.
- Buenas, lo dice con una mirada y un tono de voz que le asegurarían a cualquiera una rato inolvidable.
Estamos ya en la cuadra 1 de la Av. Augusto Tamayo, todo local comercial ya está cerrado y sólo el personal de limpieza, de la comuna local, es testigo de nuestro ingreso sigiloso al Eclipse: Renzo arregla con el Vip de la entrada que no cree en nuestra mayoría de edad: la barba de dos días no le sorprende y somos los únicos que sacamos el DNI que nos identifica: sólo basta con atravesar la puerta acústica del local
- Aquí tienen 3 vales: dos cervezas medianas y pisco sour, lo dice con una cálida sonrisa el anfitrión, bastante bien vestido, bienvenidos, concluye.
Un gracias unísono es la clave para iniciar la caminata por el largo y oscuro corredor que nos separa de las consentidas del local.
Esa música propia del baile más sensual que una fémina puede llegar a concretar, nos arrastra por las huestes del pasadizo semi iluminado con fluorescentes azules y rojos: son 7 mujeres, las conté una por una, todas, pareciera, están esperando a su príncipe azul con billetera gruesa, sus curvas son inhibidoras y las miradas lanzadas aún más nos esperan al otro lado del sendero. Continuará...
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